No se demasiado bien como se supone que he de empezar a escribir. Se supone que es algo que llevo haciendo toda la vida, bueno, desde que aprendí a escribir en el colegio, o mejor dicho, desde que allí me enseñaron; y aquí estoy delante de un papel virtual, en blanco por supuesto, esperando a que lo llene de palabras, palabras y palabras. Palabras, siempre algo que me rodea, me traicionan, me cuidan, me besan, se enfadan conmigo y me detienen de cualquier locura, qué cosas, ¿no? Así es, las palabras detienen nuestros actos, son pequeños suicidios de la personalidad a los que añadimos puntos suspensivos y guardamos en algún lugar insólito y desértico de nuestras mentes. Por ejemplo, locura, una palabra que nadie se atreve a pronunciar más alto, es decir, en un contexto superior, en uno que se haga notar, no. La palabra locura es, locura y no LOCURA... Matizaré: es locura con minúsculas porque alguien ha frenado su razón de ser, no es una locura realizada, sino una frustrada, una locura sin razon de ser, una que no ha vivido, en cambio LOCURA es algo más consistente, es algo que se puede palpar, es la locura de haber ido contra las normas. Bien. No estoy orgullosa de poder decir que, para mi, prima la palabra en letras pequeñitas. No es que la valore más o que la prefiera, sino al contrario... No la ahogo, la ahogan y mis intentos se mueren con la palabra en un abismo de dudas y sospechas. Así es, es ese mi mundo, la duda y la sospecha, no lo puedo evitar, y tales cosas son las que me alejan de mi misma. Siento que no comprendo el mundo que me rodea y que la personalidad que todo el mundo dice encontrar en mi interior es simplemente un disfraz de mi no personalidad, el miedo se me apodera y al final ahoga la locura...
Me alegro de poderme refugiar en un lugar donde sólo pueda recriminarme las cosas yo misma a mi misma... Simplemente palabras y nada más... ¡qué triste!
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