lunes, 28 de marzo de 2011

No...

No quiero más misterios por resolver. No quiero que la vida siempre deniegue mi solicitud. No quiero jugar a ver si es o si no es. No quiero puzzles. No quiero piezas que no encajan. No quiero más veranos en soledad, ni inviernos, ni primaveras, ni otoños... No quiero más canciones de amor, ni palabras que no valen nada. No quiero promesas sin cumplir. No quiero noches de deseo mental. No quiero estrellas rotas, no quiero alboradas ausentes. No quiero mañanas de vacío, ni manos llenas de nada. No quiero lágrimas de cocodrilo, ni las mías propias. No quiero dependencia. No quiero...

No quiero abrazos en la oscuridad de mi alma. No quiero más dolor. No quiero distancia. No quiero entender. No quiero no hacerlo. No quiero, en concreto, esas canciones de amor. No quiero París. No quiero que no hayan diferencias. No quiero llorar. No quiero más miradas al infinito. No quiero fingir que todo está bien. No quiero...

Ya no...

A través de la ventana.

Sentir que no eres la única persona en el mundo que se ha sentido así te hace sentir menos extraño, menos fuera de lugar.

domingo, 27 de marzo de 2011

Dentro del Laberinto.

Pasan los días, uno tras otro sin notar cambio alguno. Los ojos se cansan de ver las mismas cosas, sin que a penas haya variación.

1. Levantarse.
2. Sobrevivir.
3. Volver a la cama.

Rutina. Nada hay que te haga salir de ella. Quizás el problema no sea ésta en si, sino pensar equivocadamente que se está sumergido en ella y, que la realidad, opine lo contrario.
Cada día que te levantas intuyes que va a ser lo mismo de todos los lunes, de todos los martes, de todos los domingos... Y por mucho que te esmeres, jamás consigues el resultado adecuado. La motivación se ha visto desprovista de su máscara y tiene vergüenza de hacer acto de presencia; y, cuando quieres darte cuenta, una lágrima se ahoga en medio de un sábado por la noche en el rincón más oscuro. Algunos lo llaman miedo, claro, el problema aparece cuando ni siquiera sabemos a lo que se tiene miedo, quizás a lo incierto, a lo que pueda pasar o, simplemente, a lo que no pueda pasar... Es, entonces, cuando ni siquiera sabes a qué temer, a todo y a nada a la vez, cuando no distingues la verdad de la mentira y la realidad de la ficción. No hay respuesta a las dudas, ni siquiera consuelo en una almohada que, en silencio, ahoga los silencios más profundos que anhelan salir a relucir.
Nos alejamos de la sociedad y nos encerramos en nosotros mismos, cuando nuestra trampa más mortífera es nuestro propio laberinto. Sin salida. Todo es confusión a nuestro alrededor: la gente viene y va, las luces se encienden y se apagan según el momento del día... Y nada tiene sentido... Sólo la voluntad atrapada de vernos atrapados por la salida. Fracasamos, una y otra vez.

Quizás esté atrapada en mi propio laberinto...



Baila, magia, baila para mi.

viernes, 18 de marzo de 2011

forget me.

Como cuando quieres gritar y no puedes.

Desesperadamente aplicas un nunca mas, un "no habrá vuelta atrás", un instante en el que decides alguna cosa en el punto cumbre. Rápidamente cambias de opinión y te echas atrás, como si una fuerza sobrehumana te lanzara al vacío y te amenazara de muerte.

COBARDE.

No hay otra explicación. Mientras labras un futuro paralelo te preguntas qué te queda, y andas despacio, con miedo, mirando los rostros de las personas como si cada uno de ellos conociera tus más íntimos secretos, como si la soledad te delatara, sin más.
Te sientes frustrado, incluso lloras, a veces, a escondidas en tu habitación evitando ser descubierto por miradas indiscretas de, tal vez, tus mas allegados. Sumido en un verdadero caos a tu alrededor, queriendo y no pudiendo; pudiendo y no queriendo.

Me repito... ¡Cobarde!